El pasado jueves acudí a una mesa redonda en la USC. El tema: Creacionismo vs Evolucionismo. Los ponentes: Andrés Torres Queiruga, Luis Rodríguez Camarero, Gonzalo Álvarez (éste último asistió como público y en su lugar habló un profesor de genética de Vigo, buen cambio al fin y al cabo porque es un genético por otro). La temperatura del ambiente: muuuuuy alta.
El público estaba constituído en su gran mayoría por alumnos de la facultad de Filosofía, que ya que tenían a dos profesores dando la charla, pues coño, a hacerles la rosca para subir nota. Biólogos estábamos una amiga, mi novia y yo más algún biólogo por allí suelto, además del Decano de mi Facultad y tres profesores.

La mesa redonda empezó bien. Al primero de los ponentes, Luis Rodríguez Camarero se lo veía nervioso, pero hizo un buen discurso sobre el creacionismo y el evolucionismo, posicionándose a favor de este último, algo que me sorprendió pues es profesor de filosofía.
A continuación habló el genético, sobre los conflictos de la iglesia con la ciencia actual, centrándose en el caso de la Teoría de la Evolución. Habló sobre como todo este teatro de ahora con el Diseño Inteligente que viene impulsado sobre todo por el sector protestante de EEUU, pero que aquí, en la vieja Europa no hay tal conflicto. Muy bien argumentado y expuesto todo lo que dijo.
Habló de un tema muy interesante e importante. Muchos evolucionistas declarados son creacionistas, aún sin darse cuenta, ya que aún apoyando la Teoría de la Evolución se sigue pensando en la evolución como un proceso dirigido, en el que el ser humano es su objetivo final, cuyo cúlmen es el ser humano, cuando esto no es así ni mucho menos. Además vivimos en una sociedad creacionista, donde no se habla de la Teoría de la Evolución hasta finales de Bachillerato, por lo que los únicos que la llegan a conocer bien son los Biólogos (y supongo que ramas similares a la Biología, aunque no me mojo en esto).

Por último habló Queiruga, profesor de Filosofía y Teólogo. Ya podéis imaginar por donde fueron los tiros. Aún así, en su exposición me pareció bastante comedido, diciendo que él era amante de la ciencia pero que no había seguido ese camino en su vida. Sinceramente, en este punto me pareció un hombre bastante razonable y con las ideas claras. Un punto que me llamó la atención fué cuando dijo que el problema es que hay gente que lee la Biblia como un libro que se puede usar en cualquier ámbito cuando no es así. Obviamente, no es un libro científico, ni siquiera de historia, y para él ni siquiera un libro de moral. Es un libro de teología y punto pelota. No me imaginaba cómo acabaría la tarde…
Y entonces, empezó la guerra…
Al acabar, el público empezó a animarse a participar. El primero en hablar fué Gonzalo Álvarez, Catedrático de Genética de la USC.
El primero que recuerdo fué el Decano de Biología que dijo que ciencia y religión no tienen por qué estar reñidas. Él respeta a quien tenga esas creencias, pero no puede intentarse leer la Biblia y darle el tratamiento de libro científico ya que no lo es. Aquí coincidía con Queiruga. La fe es cosa de la religión, y él no se mete en lo que crea cada uno.
Queiruga volvió a tener turno y habló de los papas. Que si Juan Pablo II era progresista y aceptaba el evolucionismo, pero claro, con sus matices. Esos matices eran la existencia del alma y que el hombre está por encima de todo. El genético, sentado a su lado, le dijo que en el último catecismo de la iglesia católica aún se habla de lo de la costilla de Adán (a partir de la cual se hizo a Eva, según la mitología cristiana) o que la Tierra se creó en 6 días. Queiruga le dijo que estaba equivocado, que eso era mentira. La contestación, concisa y contundente: tome, aquí tiene una fotocopia del último catecismo. De hecho, lo leyó en alto. La cara de Queiruga era todo un poema en ese momento.

Entonces este hombrecillo se vió en una espiral de sinsentidos. Empezó a decir que nosotros somos el cúlmen de la Evolución, que por eso hay animales inferiores y superiores, y por encima de todos está el hombre. Que una roca no es un ser vivo y no está a nuestra altura, que no somos simples monos si no que la evolución siguió la dirección lógica hacia nuestra creación.
El Decano le respondió, muy tranquilamente, que estaba equivocado:
Lo de animales inferiores y superiores es una idea anticuada y hace tiempo superada dentro de la Biología. No hay animales inferiores ni superiores. El guepardo es el animal más rápido, los peces son los mejores nadadores, las aves vuelan y se puede seguir así hasta el infinito. ¿Qué nos hace superiores? Somos muy frágiles. De hecho, de los mamíferos más frágiles que hay. Pero evolucionamos desde nuestros antepasados y desarrollamos una corteza cerebral de la que surgió nuestra asombrosa actividad cognitiva, con la que pudimos adaptarnos cada mejor a nuestros ambientes, y desarrollamos todo lo que hoy tenemos. Cuando se secuenció el Genoma Humano, y posteriormente el del chimpancé, se vió que eran idénticos en un 95%, por lo que muy diferentes no somos de un simple mono, como había dicho el teólogo.
En este momento se escucharon voces e insultos de los alumnos de Filosofía, diciéndole que el mono será él y demás sandeces. Uno de ellos de echo pidió la voz, y le dijo al Decano de Biología que el creer que la ciencia puede dar todas las respuestas era acabar con el poco amor que quedaba (en este momento yo me estaba imaginando a los alumnos de Filosofía paseando por la calle de la piruleta en el mundo de yupi). Además, le pidió pruebas de todo lo que estaban diciendo, porque claro, pruebas de más de 100 años de ciencia moderna la lleva todo el mundo encima. Esta gente no sabe que cuando se acude a un debate hay que hacer los deberes antes, y no acudir a un debate Creacionismo vs Evolución sin saber lo que es la Teoría de la Evolución.
Otra de las lindezas de Queiruga fué hablar de las piedras. Según él, ellas evolucionan pero no están a nuestro nivel. Pues bien, este hombre demostró aquí lo poco que sabía de ciencia, y menos aún de evolución.
Cuando Darwin postuló su Teoría de la Evolución, basada en el mecanismo de la selección natural, no conocía las razones de por qué ocurria así. No fué hasta que un franciscano llamado Mendel, cruzando guisantes, descubrió los genes, que más tarde se verían que son el desencadenante de la evolución. En cada generación, se supo años más tarde, se produce un proceso llamado recombinación genética, en el que los genes del padre y de la madre intercambian fragmentos entre ellos, dando genes hijos que tendrán parte de cada progenitor. Esto es el desencadenante de por qué se evoluciona. En esa recombinación pueden aparecer genes mejor adaptados al medio, y que en la próxima generación tengan más posibilidades de ser transferidos a la siguiente generación, y así sucesivamente hasta que los cambios son tan importantes que una especie da lugar a otra. Pues bien, las rocas no tienen genes. Punto pelota.

En este momento el genetista le dijo a uno de los alumnos de Filosofía que había hablado que si tú dejas caer una piedra, esta cae porque la masa gravitacional de la tierra, que es inmensa en comparación con la piedra, la atrae y por eso la vemos caer, según la Ley de la Gravitación Universal. Podemos calcular su velocidad, su aceleración y lo que queramos. Pero no podemos demostrar que la piedra en vez de caer echa a volar, a no ser que le pusieses encima una masa gravitacional mayor que la de la Tierra.
La respuesta del chaval de Filosofía fué elegante, refinada y muy pensada: -Si hombre, porque tú te lo crees!
En este momento me empecé a preguntar si la gente que piensa así usarán móviles, acudirán al médico cuando estén enfermos o usarán internet. Porque si ya empezamos dudando de las Leyes de la Física…mal vamos xD
Una chica, que por su postura asumí que era bióloga, le dijo a Queiruga que el hombre es un simio más, que la Genética lo demuestra y que por mucho que él hablase del alma y demás, no dejábamos de ser un animal.
Queiruga estaba como el que oye campanas pero no sabe donde, así que cometió el error de faltarle al respeto a esta chica, diciéndole que si creía que éramos simios que se casase con un mono. Que los monos se casan con los monos y las personas con las personas.
Cuando en una discusión alguien usa esos argumentos tan sofisticados y llenos de conocimiento puro, uno ya sabe quién lleva la razón. Y es que en una discusión, cuando una de las partes le falta al respeto a la otra pasa que pierde toda la credibilidad.
Conclusión:
Todos los que me conocen saben que no soy una persona moderada, y que suelo frecuentar los extremos. Y en el caso de ciencia y religión ya he dejado más de una vez claro lo que opino. La ciencia, para la gente que quiera conocer la realidad, los cómos y los porqués y que no quieran ser engañados. La religión (y no hablo del Cristianismo nada más, también me refiero al Islam, Judaísmo, Hinduísmo, Budismo y demás) para los ignorantes, los que prefieren vivir con una venda delante de los ojos y prefieren hacer lo que les dicen unos pocos y no tomar sus propias decisiones y que no tengan cojones a vivir su vida, aceptando lo bueno y lo malo sin recurrir a seres imaginarios. Y si alguien se ofende, mentiría si dijese que lo siento, pero soy alguien de decir las cosas claras y directamente (de hecho, hace poco tuve esta charla con mis padres y les dije que no me culpasen por ser unos ignorantes creyendo en gilipolleces).
Este post, si alguien da llegado al final, se lo dedico a Apa, que más de una vez me pidió que hablase de estos temas en el blog. Y agradecer la colaboración de Sandra para elaborar el texto, que no creo que pase a la historia como el mejor escrito de este blog, pero la rabia corre por mis venas mientras escribo. Me niego a pensar que 10000 años después de la aparición de la civilización se siga creyendo en tonterías.
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