Los vampiros. Muchas películas tratan sobre ellos con diferentes enfoques. En una pueden ser una casta poderosa en lucha contra hombres lobo (Underworld), una casta de pijos poderosos (Blade), individuos en continua decadencia (Entrevista con el vampiro) o tener un enfoque más clásico (Drácula). Y después tenemos películas en las que dan vergüenza ajena, como es el caso de 30 días de oscuridad.

El argumento es bien simple. Durante los 30 días en los que no sale el sol en un pueblo de Alaska un grupo de ‘vampiros’ masacra a los pobre pueblerinos. La llegada al pueblo de un misterioso desconocido será el preludio a la orgía sangrienta que se avecina.
A priori podría parecer una simple pero consistente base para una película de ‘vampiros’ fácil de ver, con un ritmo frenético e ideal para los amantes del cine de entretenimiento como yo. Pues nada más lejos de la realidad.
A esta película le falta ritmo por todos lados. De hecho, el director, que bien podría haber sido yo solamente cuenta la historia de los dos primeros días del ataque, después salta al día 17 y más tarde salta al 27. Así, como lo leeis. No sabes lo que pasa entre esos días. Solamente sabes que en esos días los vampiros han debido de estar durmiendo porque no han encontrado a los protagonistas, y que éstos son capaces de teletransportarse por el pueblo. Y ya no digamos la ridiculez del día 27, cuando aparece un niño caminando por la calle, sin más. Es decir, que mientras el grupo de supervivientes las pasa canutas para sobrevivir (aún cuando pueden teletransportarse cual semidioses) un niño de 7 años ha sobrevivido 27 días sin ayuda de nadie. Toma giro del guión xD

Los ‘vampiros’ son para darles de comer aparte. Como veréis siempre he escrito vampiros entre comillas. Esto es por que más que vampiros recuerdan a hombres cerdo, por la especie de gruñidos que sueltan (UIIIIIIII UIIIIIIIII). El aspecto de éstos, además, no dista mucho del que los gorrinos. Las escenas de estos personajes son las partes más ridículas de la película de largo: los ‘diálogos’ entre ellos, la forma de correr y andar, ver al cabezilla echarse sangre en el pelo cual gomina ecológica…
De los ‘humanos’ (entre comillas porque sus razonamientos son más propios de las pelotillas del ombligo) casi mejor no hablar. El protagonista, Josh Hartnett, principal reclamos para adolescentes con desajuester hormonales, tiene la misma expresividad que una piedra. Pondrá la misma cara si le dicen que ha ganado la lotería que si le dicen que su familia ha sido devorada por osos hormigueros antropófagos.
En resumen, tenemos una película con un argumento pésimo, con fallos de guión garrafales, unos ‘vampiros’ que dan risa, unos protagonistas que dan vergüenza ajena pero con un poster muy chulo. Si tuviese que darle una valoración en el rango desde Muy Buena a Muy Mala tendría que hacer una nueva categoría para catalogar semejante vodrio.
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